¿Realmente tienes síndrome postvacacional?

El concepto ha calado en la sabiduría popular. Todos entendemos qué es el síndrome postvacacional y el tema forma parte de las conversaciones con los compañeros de trabajo a la vuelta de vacaciones. En el momento de reincorporarse al trabajo, o incluso unos días antes, la persona puede sentir un estado de ánimo bajo, dificultades para adaptarse de nuevo a los horarios, alteraciones del sueño y problemas digestivos. Según algunos expertos, suele ser más habitual en profesionales que consiguen desconectar y disfrutar del descanso durante las vacaciones, ya que para ellos la vuelta a la rutina tiene un impacto mayor.

SeptiembrePero, ¿realmente existe el síndrome postvacacional, o es un invento de una sociedad que en ocasiones tiende a medicalizar y etiquetar todos los comportamientos que se salen de lo normal en cuanto provocan un cierto grado de malestar? La respuesta no es definitiva, pero la mayoría de los expertos están de acuerdo en que, en términos puramente clínicos, no existe un trastorno postvacacional como tal. Los síntomas de una depresión mayor o de un trastorno de ansiedad son mucho más evidentes, graves e incapacitantes. Esto, por supuesto, no niega que haya a quienes les cueste más adaptarse a la vuelta al trabajo y que sufran molestos síntomas como los comentados (de hecho se estima que puede ser cerca del 30 % de la población), pero esos síntomas no constituyen un trastorno reconocido oficialmente y con entidad clínica suficiente.

Dicho esto, el problema surge cuando los síntomas son de tal intensidad que superan lo habitual en el resto de la gente y duran más de lo normal (más de una semana o diez días), afectando al funcionamiento diario de la persona. Estadísticamente son pocos casos, pero no por ello dejan de ser importantes (sobre todo para el afectado), y se trata de situaciones en los que la persona tiene problemas de concentración, duerme mal, pierde el apetito y está irritable y apático. Cuando un médico se encuentra este tipo de casos en consulta, es difícil que le diga a su paciente que “no tiene nada”. Ninguno aceptaríamos ese argumento, sobre todo cuando es evidente que algo sí tenemos. Por eso, el médico opta por usar el concepto de síndrome postvacacional, como hemos dicho no porque exista como diagnóstico, sino porque resulta descriptivo y fácil de entender para el paciente.

El siguiente paso puede ser aún más problemático: si aceptamos que hay un problema médico parece lógico aplicar un tratamiento, pero la mayor parte de las veces ese tratamiento consiste en recetar algún psicofármaco (ansiolítico o antidepresivo que busca paliar los síntomas) cuyo uso no está exento de efectos secundarios y con un potencial adictivo que no debe olvidarse. Además, y esto puede ser lo más preocupante, con ello estamos fomentando el recurso a ayudas externas para solucionar los problemas. No cabe duda de que muchas veces esa ayuda es necesaria, pero también es cierto que mal usada puede limitar nuestra propia autonomía y reduce nuestra capacidad de adaptación.

Así que nadie negará que puedas sufrir síndrome postvacacional. Pero el consejo es que para encontrar la solución confíes primero en tus propios recursos.

 

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