El éxito de la homeopatía

Sólo en Europa, la industria homeopática factura actualmente unas cantidades cercanas a los dos mil millones de euros anuales. Teniendo en cuenta que la producción de este tipo de productos es relativamente barata (no está sujeta a la exigencia de demostrar eficacia ni a gastos de investigación y desarrollo, como sí lo está la medicina convencional), gran parte de ese dinero se convierte en beneficios. El negocio es claramente lucrativo.

HahnemannPero son productos respecto a cuya eficacia, por decirlo de forma suave, existen serias dudas. De los miles de estudios realizados al respecto, no hay ni uno solo fiable que demuestre su utilidad. El propio Ministerio de Sanidad español publicó en diciembre de 2011 un documento de Análisis de situación de las Terapias Naturales, donde se concluía que la homeopatía es tan eficaz como tomar placebo. A pesar de ello, sorprendentemente en la actualidad el Gobierno está valorando cómo regular su comercialización, en lugar de prohibirla directamente.

No vamos a detenernos en explicar cuáles son los fundamentos de la homeopatía y las muchas y demoledoras críticas que ha recibido (información que se puede encontrar por ejemplo aquí, aquí, aquíaquí o, incluso en forma de cómic, aquí). Lo que nos interesa es otra cuestión: si la homeopatía no funciona, ¿por qué tanta gente sigue gastándose el dinero en ella? ¿Qué razones llevan a que siga siendo, a pesar de la abrumadora evidencia en contra, una opción tan popular y que goce de una aceptación tan amplia?

El caso es que la salud es uno de los aspectos de nuestra vida que más nos importa y nos preocupa, sobre todo cuando va mal. Queremos tener la tranquilidad de que estaremos siempre sanos, y de que si surge algún problema encontraremos la mejor solución posible. Es una necesidad básica, cuya lógica todos entendemos. El problema aparece cuando las cosas se tuercen. Desde un simple constipado hasta un cáncer, podemos enfermar de multitud de formas posibles. Y la medicina convencional no siempre tiene una respuesta que nos resulte del todo satisfactoria. A veces tarda más de lo que nos gustaría en encontrar la solución y, cuando lo hace, casi siempre es a través de medicamentos que tienen efectos secundarios y provocan molestias añadidas.

Esos medicamentos, además, forman parte de una medicina clásica, imperante en nuestros sistemas sanitarios y con un poder casi indiscutible. Cierto es que habría que ver porqué y hasta qué punto hay que discutirlo, pero el caso es que a casi todos nos gusta pensar que no nos dejamos llevar por la corriente imperante y que somos capaces de tomar decisiones independientes. Por ello, buscamos otras opciones que se salgan de lo “oficial”, y nos fijamos en lo que por ejemplo la llamada medicina alternativa nos puede ofrecer. Los herbolarios o la acupuntura son sólo algunas opciones; la homeopatía es otra posibilidad, fácilmente accesible y muy popular.

Pero en este proceso de decisión, por desgracia, no entra la valoración crítica de las ventajas y desventajas de cada opción. No nos detenemos a ponderar los méritos que acredita cada tipo de medicina, y conceptos como evidencia empírica, estudios doble ciego o medicina basada en la evidencia nos resultan ajenos. Y no es que seamos incapaces de analizar críticamente los hechos, sino que se trata más bien de que no ejercemos esa capacidad. Anulamos nuestro escepticismo, dejando que prime el sentimiento implícito de rebeldía frente a los “poderes establecidos”. De esta forma nos autoconvencemos de que sólo nosotros decidimos sobre nuestra salud, cuando en realidad estamos anulando esa capacidad de decisión al no fundamentarla mínimamente.

Esa inercia se ve ayudada por la tendencia, también muy humana, de aceptar con más facilidad conceptos sencillos e intuitivos, frente a los tecnicismos con que muchas veces nos encontramos cuando intentamos abordar un texto científico riguroso. Su vocabulario no es siempre comprensible para un lego en la materia, al contrario de lo que ocurre con las medicinas alternativas, incluyendo la homeopatía. La “memoria del agua” es algo que todos podemos entender, y poco importa que en realidad el agua no tenga memoria alguna. O que una sustancia con determinados efectos perjudiciales pueda llegar a curar esos mismos efectos siempre que esté suficientemente diluida resulta una idea atractiva (quizás precisamente por lo contradictoria que es), y tendemos a aceptarla aunque contradiga la lógica más elemental y los conocimientos de física, química y biología básicas conocidos desde hace cientos de años. Quizás una de las causas de lo anterior sea que el ser humano tolera muy mal la incertidumbre, por lo que busca certezas y seguridad lo más absolutas que sea posible. Por desgracia, la ciencia rara vez puede aportar ese grado de confianza en sus resultados, mientras que la pseudociencia se caracteriza, entre otros, por aseveraciones absolutas y sin matices. Nuestra mente trabaja mejor con extremos, lo que nos convierte en víctimas fáciles.

homeopatiaPor supuesto, la explicación no acaba ahí. Si, por mucho que nos dejemos llevar por el instinto de autonomía personal y por el atractivo de las explicaciones pseudocientíficas, resulta que la homeopatía no funciona nunca, al final la evidencia se debería imponer y optaríamos por descartarla. Que seremos rebeldes pero no tontos, oiga. Pero es aquí donde entran en juego otros factores, como el deseo de que esa pastilla que nos estamos tomando sea eficaz. Depositamos nuestras esperanzas en ella, hemos pagado un dinero (a veces mucho) y además resulta que alguien de confianza (incluso quizás un médico o un farmacéutico) nos lo ha aconsejado. Todo ello forma un caldo de cultivo propicio para que, en efecto, el producto funcione: sólo hay que recordar el llamado efecto placebo.

La curación se puede producir además por otros factores como el mero paso del tiempo (estadísticamente, la mayoría de las enfermedades, sobre todo si son leves, tienden a remitir simplemente con que se les dé el suficiente tiempo), o por el hecho de que, en no pocas ocasiones, además de la homeopatía hemos seguido con cuidados paralelos como el descanso o una mejor alimentación, que sí son eficaces. Claro que lo que nos ha curado en estos casos no ha sido el producto homeopático, pero eso poco importa: establecemos una correlación ilusoria entre nuestra mejoría y el consumo del producto.

¿Deberíamos ser capaces de analizar estas situaciones con algo más de objetividad, y poder discernir cuándo algo funciona y cuándo no o a qué se debe la mejoría? Pues quizás sí, pero lo cierto es que no lo hacemos. Caemos en el conocido como sesgo de confirmación, que nos lleva a fijarnos sólo en los datos que confirman nuestras ideas previas, y nunca o casi nunca buscamos evidencias en contra. Y nos agarramos a, quizás, alguna experiencia propia en la que parece que nos funcionó. La verdadera razón por la que pudo funcionar no tiene nada que ver con la propia eficacia del producto homeopático, pero nosotros pensamos que sí.

El puzzle se completa con varios elementos que aportan credibilidad a la homeopatía. Para empezar, que se vende en las farmacias, lugar en el que esperamos encontrar productos fiables, científicamente contrastados y buenos para nuestra salud. La bata blanca del farmacéutico le dota, queramos o no, de un cierto aura de conocimientos sanitarios en los que podemos confiar. Lo cierto es que la homeopatía no se vende porque haya demostrado eficacia, sino porque hay gente que lo compra (dando así pingües beneficios tanto al fabricante como al farmacéutico), pero resulta casi imposible separar el producto del lugar donde se encuentra y del halo de respetabilidad que le rodea.

Y, para continuar, esa credibilidad se ve reforzada cuando personas como Belén Crespo, Directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), aparecen en prensa defendiendo la homeopatía como una opción válida y legítima. Es de esperar que una persona que ocupa una responsabilidad semejante esté supuestamente bien informada y tenga una opinión fiable sobre estos temas, por lo que tendemos a aceptar su criterio como válido, igual que hacemos cuando es un médico u otro profesional sanitario quien nos lo recomienda. Pero, como decía Carl Sagan, “en la ciencia no hay autoridades; como máximo, hay expertos”. Y esos expertos deben demostrar que saben de lo que hablan con argumentos y pruebas, no por el mero peso de su título o su cargo.

En definitiva, son muchos los factores que llevan a que la homeopatía tenga éxito. Luchar contra todos ellos requiere un esfuerzo consciente y deliberado además de una cierta actitud crítica, algo a lo que, hay que reconocerlo, no estamos acostumbrados. Pero es la única solución para evitar caer en el engaño. Y es que, citando esta vez al físico estadounidense Richard P. Feynman, “hay que tener la mente abierta, pero no tanto como para que se te caiga el cerebro“.

 

2 pensamientos en “El éxito de la homeopatía

  1. 14/12/2013 a las 11:17 am

    Me gusta la frase del final, muy buena. Y estoy básicamente de acuerdo con lo que dices pero es tan difícil hacerse con información fiable ante el bosque de opciones que hay delante… Además el negocio de las farmacéuticas mueve mucho más dinero y los propios médicos en lugar de aconsejarte modificar hábitos de vida y alimentación te endosa una pastilla que tendrá no se qué efectos secundarios pero es fácil de tomar.
    Otro factor que añadiría de por qué funciona la medicina alternativa es que tratan a la persona como persona y como un todo no parcelado, cosa que no ocurre muchas veces en las consultas de los médicos, que te pueden hacer sentir como un trozo de carne, no te escuchan y te despachan en cinco minutos. Para mí también es una clave importante.

  2. zetetic1500
    07/03/2014 a las 6:38 am

    De acuerdo a este sitio, el autor es crítico y analítico de corte escéptico de moda. Sin embargo en toda su crítica simplemente falla y adolece de la más mínimo criterio que dice presumir. Algunos detalles:

    1) Eso de que el informe de Sanidad concluye que la homeopatía sea un placebo no aparece en ningún lado, de hecho se hizo una revisión de muy mala calidad que incluyo los resultados únicamente de una base de datos y es sobre revisiones sistemáticas, lo que el informe concluye es que según ellos no hay prueba de que la homeopatía sea eficaz en las condiciones clínicas de esas revisiones sistemáticas, es decir, no aporta nada y no se puede decir que este a favor o en contra. Este informe ya ha sido criticado duramente porque omite muchos trabajos, no indica cómo eligieron los estudios y con que criterios, etc.

    2) Las “críticas demoledoras” son un sitio creado y financiado por el Center for Inquiry mediante su filial española Círculo Escéptico, definidas como supuestas organizaciones educativas, el sitio no es más que una sarta de medias verdades, elección sesgada y conclusiones ficticias. El segundo sitio es la Wikipedia que no es un artículo para nada neutral, y está controlado por las llamadas “guerrillas escépticas”. El tercer artículo es una vergüenza y ya ha sido críticado en parte en expicandoalexplicador, sin embargo es una copia mal hecha del libro de Ben Goldacre, Mala Ciencia.El cuarto enlace no aporta nada relevante. El quinto enlace es un cómic, que es propaganda seudoescéptica sin el más mínimo rigor (bueno es un cómic) y que de hecho miente. ¿Esas son críticas demoledoras, en dónde están?

    Toda la demás información, exceptuando la legislación, de este post es especulación sobre el comportamiento de las personas que acuden a la homeopatía, nada de datos, una interpretación sesgada basada en generalizaciones y prejuicios absurdos. Lo más interesante es que esto simplemente no se sostiene:

    <b". Y esos expertos deben demostrar que saben de lo que hablan con argumentos y pruebas, no por el mero peso de su título o su cargo."

    Por que los llamados escépticos de moda atacan cuando les conviene, ¿no me crees? Hay documentos de hace más de una década dónde ellos se quejaban (incluyendo al autor de magonia) que la homeopatía no fuera practicada por médicos, su ignorancia les tomo varios años en reconoce que hace muchos años en España la homeopatía también era práctica por sanitarios oficiales ¿qué hicieron Círculo Escéptico-ARP? Comenzaron el ataque enfocándose en los argumentos y minimizando el detalle de la titulación de la que tanto se quejaban. Conozco muy bien a esos sujetos en cuanto a su escepticismo, la diferencia es que yo sí ofrezco pruebas, datos, y tomoe en cuenta todos los “argumentos” y “críticas” de ellos

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