La lectura protege frente a la demencia

Según un conocido dicho, “el fascismo se cura leyendo y el racismo viajando”. No podemos estar más de acuerdo, pero además hay que decir que, por lo menos la lectura, tiene otros efectos positivos para nuestra salud mental. Un reciente estudio de la Agencia Valenciana de Salud (España) ha demostrado que leer de forma habitual en un factor protector frente al deterioro cognitivo.

El deterioro cognitivo consiste en una merma de las capacidades mentales básicas, con despistes frecuentes, pérdidas de memoria, dificultades de razonamiento, desorientación y otras dificultades en la realización de las actividades cotidianas. Aproximadamente un 20% de los mayores de 65 años desarrolla deterioro cognitivo leve, y la mitad de ellos llega a sufrir trastornos más graves como la demencia (de hecho, en el plazo de un año cerca del 10% o 15% tendrá síntomas de demencia, frente a solo el 1 o 2% de los sujetos sanos de igual edad). Si a eso le sumamos que, según algunas investigaciones, parece que el declive cognitivo puede comenzar incluso a partir de los 45 años (¡glup!), resulta de especial importancia encontrar estrategias que frenen este problema.

Abuelo leyendoPartiendo de la hipótesis de que la lectura podía ser una buena ayuda, la Agencia Valenciana de Salud planteó una investigación con un esquema muy sencillo: se evaluó el nivel de deterioro cognitivo a un grupo de más de 150 personas mayores de 65 años, y el resultado se puso en relación con su hábito de lectura en los últimos años. Con el fin de evitar sesgos provocados por otros factores, se tuvieron también en cuenta el nivel de estudios de los participantes, los antecedentes paternos de demencia, el riesgo cardiovascular, el estado civil y la edad, ya que por encima de los 75 años el deterioro mental se agudiza aún más de forma natural.

Se clasificó a los participantes en tres categorías: lector frecuente (lee por lo menos una o dos veces por semana), lector ocasional (lee como mínimo alguna vez al trimestre) y no lector (no lee nunca o casi nunca). El hábito de lectura correspondía tanto al tipo de lector que era la persona, como al tiempo que llevaba leyendo a ese ritmo.

Los resultados fueron claros: a mayor frecuencia de lectura, menor probabilidad de sufrir deterioro cognitivo. Y era menos probable aún si el hábito de lectura frecuente se mantenía durante por lo menos los últimos 5 años. Sin embargo, ese no fue el único factor relevante, ya que el nivel educativo previo (poseer al menos estudios primarios completos) y las actividades de ocio mostraron también una relación negativa con el deterioro. Los antecedentes familiares de demencia o el riesgo cardiovascular resultaron ser irrelevantes.

Así que ya sabes: si tienes la sana intención de llegar a viejo, lee. Quizás seas un viejo cascarrabias, pero nadie podrá criticar tus capacidades mentales.

 

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