¿Eres un adicto al trabajo?

Tras las vacaciones, muchos de nosotros (los que tenemos suerte) hemos vuelto al trabajo. El descanso nos ha permitido recargar fuerzas y todos hemos aprovechado para desconectar de las preocupaciones laborales, olvidando por unos días nuestras obligaciones y tareas pendientes.

¿Todos? No. Hay un grupo de personas que se resiste ahora y siempre a desconectar. Como si significara perder una parte esencial de su propio ser, es gente enganchada a la blackberry y continuamente conectados con la oficina, de forma que en realidad no se han ido de vacaciones. Son los adictos al trabajo.

Al contrario de lo que ocurre con la mayoría de las adicciones, la del trabajo no está mal vista. Ser trabajador es un atributo positivo y deseable en cualquier persona. Además, los expertos carecen de instrumentos de evaluación bien fundamentados, y ni siquiera han llegado todavía a una definición consensuada, lo que hace muy difícil discernir cuándo la entrega hacia el trabajo se vuelve excesiva y patológica.

adicto al trabajoLo cierto es que es habitual que muchos entornos laborales fomenten de forma más o menos sutil una dedicación horaria superior a la oficialmente establecida. En principio, esa dedicación sería voluntaria, pero en realidad hay determinadas culturas empresariales en las que limitarse a cumplir los horarios está mal visto. Además, se produce un contagio social en el que las horas de trabajo de los jefes se trasladan al resto.

Estos casos son el inicio de una situación en la que el trabajador acaba asumiendo que lo que se espera de él es dedicar todo el tiempo que sea necesario, más allá de la jornada normal, y que su disponibilidad sea permanente. La connotación positiva que la sociedad otorga al trabajo, junto con el mensaje de autoestima que supone para la propia persona, terminan por crear el caldo de cultivo necesario. El tiempo y la fuerza de la costumbre hacen el resto para perpetuar una situación que aunque mucha gente vea anormal y muy molesta por las serias disfuncionalidades que provoca y los conflictos con la vida personal, otros muchos acaban por vivir como algo deseable, síntoma de éxito profesional.

En esa dinámica, las horas laborables aumentan considerablemente y acaban convirtiéndose en un factor definitorio de la persona: su relación (obsesiva y absorbente) con el trabajo es su rasgo más representativo, hasta tal punto que es incapaz de disfrutar con otros ámbitos de su vida. En este sentido, es conocido el término workalcoholic, acuñado en 1968 por el psicólogo y profesor de religión Wayne Edward Oates, y con el que hacía referencia a un comportamiento similar al de los alcohólicos, especialmente por el carácter compulsivo y exento de control y que podía llegar a suponer un riesgo para su salud personal, sus relaciones interpersonales y su funcionamiento social.

Algunos expertos ven en esta adicción aspectos positivos, dado que la implicación en el trabajo mejora el desempeño, aumenta la productividad e incluso proporciona un cierto grado de satisfacción personal. Esa dedicación puede suponer también un salario cada vez más elevado, lo que lleva a la idea de que el tiempo que se deja de trabajar cuesta dinero.

Hay expertos que explican también esta adicción en la necesidad de refugiarse en el trabajo, buscando huir de otros entornos quizás más conflictivos o poco satisfactorios como puede ser el familiar. En estos casos, el ámbito laboral proporciona más elementos de autoestima que la propia familia. Familia que, a su vez, es muchas veces el caldo de cultivo de los adictos al trabajo: el hábito se aprende de generación en generación, y los hijos aprenden que el amor y la valoración de sus padres depende de los logros, primero escolares y después profesionales.

Pero esta adicción, como otras muchas, tiene claras consecuencias sobre la salud: se produce una pérdida de control, aumentan los niveles de ansiedad, la necesidad de trabajar es cada vez mayor y la marginación del resto de las áreas personales y familiares lleva a graves problemas. Y es que no parece que sea signo de salud el hecho no ser capaz de encontrar otra fuente de satisfacción que no sea el trabajo.

 

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