Si acabas de tener un hijo, todo lo demás te importará menos

Todos poseemos una cierta capacidad para valorar los posibles riesgos de una determinada situación. Por mero instinto de supervivencia, somos capaces de estimar si algo puede llegar a poner en peligro nuestra seguridad, lo que nos permite adoptar las medidas necesarias para protegernos. En este sentido, resulta lógico pensar que los cambios en nuestras circunstancias vitales impliquen también un cambio en esa percepción de los factores de riesgo. Sin embargo, este es un campo relativamente poco estudiado. La Universidad de Indiana (EEUU) y la Universidad de Zúrich (Suiza) han desarrollado un reciente estudio en el que profundizaban en estas ideas, en concreto en mujeres que acababan de ser madres.

mamá con bebéContaron con la participación de 59 mujeres, de una media de 27 años de edad, de las cuales 29 habían dado a luz en los seis meses anteriores y las otras 30 nunca habían dado a luz (nulíparas). Se les mostró una serie de imágenes generadoras de ansiedad (agresiones, desastres naturales, etc.) y se midió su reacción por medio de una resonancia magnética funcional cerebral (IRMf), de cuestionarios aplicados tras la visión de las imágenes, y de la medición de niveles de cortisol (considerada la hormona del estrés) en la orina.

El resultado fue que aquellas que había dado a luz demostraron un menor nivel de ansiedad que quienes no habían tenido hijos. No sólo lo indicaron así en los cuestionarios, sino que además la IRMf indicaba menor actividad en la amígdala cerebral (encargada de la respuesta emocional), y los niveles de cortisol era también menores.

Después, las mujeres fueron repartidas de forma aleatoria entre dos grupos, sin que ni ellas ni los propios investigadores supiesen a cuál iba asignada cada una (lo que se denomina un control doble ciego). El primer grupo se le administraba un placebo por medio de un aerosol, y el segundo recibía un aerosol que contenía oxitocina, hormona que se genera tras el parto y muy relacionada con la conducta maternal. Eso provocó que la reacción de estrés ante las imágenes se igualara: aquellas mujeres nulíparas que tomaron la oxitocina reaccionaron de la misma manera que las que sí habían dado a luz.

Algunos estudios anteriores ya habían demostrado que las madres son más sensibles a las amenazas relacionadas con el bebé, lo cual parece muy lógico. Pero esta investigación demuestra que el foco de atención se desvía hacia las nuevas obligaciones derivadas de la maternidad, perdiendo sensibilidad ante factores de estrés no relacionados con sus hijos, y que la oxitocina juega un importante papel al respecto.

Por mi parte, como hombre esto me ha dado algo en lo que pensar. Todos sabemos que desde el momento en que son madres las prioridades de nuestras parejas cambian hasta extremos que seguramente no imaginábamos ni esperábamos.

Dado que la culpa parece de la oxitocina, estoy a punto de meterme un buen chute a ver si…

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *