¿Son más felices los tontos?

No es por halagar (que también, por supuesto), pero escribir en un blog de estas características implica suponer que los lectores pertenecen, por regla general, al grupo de las personas medianamente instruidas, poseedores de ciertos conocimientos básicos y con una capacidad intelectual de comprensión y asimilación suficiente para entender lo que aquí se escribe sobre psicología humana. Por eso, parece razonable pensar que la mayoría de nuestros lectores tienen una inteligencia suficiente como para a su vez haberse planteado diversas cuestiones entre las que seguramente está la de si poseer precisamente una inteligencia elevada puede llevar, como dice la sabiduría popular, a un nivel de felicidad inferior. O, dicho al revés, si para ser feliz es mejor ser tonto.

El argumento es que el inteligente suele tener no sólo capacidad sino también cierta predisposición a darle vueltas a las cuestiones que le preocupan. Esa tendencia puede ser en cierto grado útil para encontrar soluciones, pero llevada más allá de un punto de equilibrio podría suponer más preocupaciones e infelicidad que las que se pretenden evitar. Como decía el poeta Joaquín Bartrina, “Si quieres ser feliz, como me dices, / no analices, muchacho, no analices”.

En un intento de estudiar los fundamentos científicos de esta idea, una reciente investigación del SUNY Downstate Medical Center (Estados Unidos) llega a la conclusión de que en efecto sí hay una cierta relación entre inteligencia y capacidad de preocuparse y que de hecho es posible que hayan evolucionado conjuntamente, pero que dicha relación quizás no sea de la manera que solemos creer. Según parece, hay incluso un sustrato biológico que correlaciona sendos aspectos, ya que la colina (un nutriente esencial soluble en agua, precursor del neurotransmisor acetilcolina y necesario para la síntesis de determinados componentes de las membranas celulares) presente en la materia blanca subcortical del cerebro tiene a agotarse con la actividad derivada tanto de tareas intelectuales como de pensamientos y sentimientos de preocupación.

El estudio contó con 26 pacientes de trastorno de ansiedad generalizada (TAG), que se caracteriza por un patrón de preocupación y ansiedad frecuentes y persistentes respecto a una amplia variedad de sucesos o actividades. A los enfermos se  les comparaba con 18 voluntarios sanos, y en ambos grupos se midió la inteligencia a través del cociente intelectual (CI), lo que permitía establecer correlaciones entre TAG y CI.

Sí, ya sé que quizás no sean casos muy generalizables a la vida diaria (en este sentido, podría criticarse que el estudio no tiene lo que se denomina suficiente validez ecológica), pero sí nos permite hacernos una idea de por dónde pueden ir los tiros. Y el resultado fue que si bien en los pacientes con TAG el CI alto se asociaba con un mayor grado de preocupación, en el grupo de los sanos aquellos con CI alto mostraban por el contrario un bajo nivel de preocupación. Es decir, que en ambos casos había una correlación significativa entre inteligencia y preocupación, pero en un caso era positiva y en el otro negativa.

La conclusión sería por lo tanto que en realidad no es cierto que para ser feliz sea mejor ser tonto, salvo que estemos hablando de niveles patológicos de ansiedad y preocupación. La mayoría de nosotros somos capaces de manejar nuestra ansiedad de forma adaptativa tal y como hemos heredado de nuestros antepasados, que eran capaces de evitar situaciones peligrosas gracias a esa capacidad de preocuparse por las amenazas aunque estas fuesen lejanas. Esto nos permitía no arriesgarnos salvo que fuese imprescindible, aumentando así la probabilidad de sobrevivir y dejar descendencia. Pero, eso sí, parece que hay una especie de línea roja que no conviene traspasar si no queremos caer en lo patológico.

Distinto es que en ciertas ocasiones prefiramos “hacernos los tontos” y adoptemos la postura de no ver para no sentir, sobre todo en aquellos casos que no tienen una solución a nuestro alcance y en los que por lo tanto nada ganamos por mucho que le demos vueltas al tema. Claro que saber cuáles son esos casos también requiere de cierta inteligencia.

 

 

2 pensamientos en “¿Son más felices los tontos?

  1. Mintiel
    26/01/2015 a las 12:02 am

    La vida, que es? La manera de afrontarla es variada y la manera de percibirla es igual o mayor a las personas que la habitan.

  2. dark
    06/11/2016 a las 7:49 pm

    Los tontos son mas felices porque no se preocupan

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