Sonríe, eso sí lo entenderán

De los aproximadamente 600 músculos que tiene el cuerpo, cerca de 40 están en la cara. Una de sus funciones más importantes es la expresión de las emociones, lo que nos permite comunicar nuestro estado anímico de forma fácil, rápida e inequívoca. De hecho, siempre se ha considerado que la expresión facial de las emociones básicas es universal, y que en todas las culturas y países del mundo se manifiestan e interpretan de la misma manera.

Pues bien, según parece esta idea puede no ser del todo cierta. Clásicamente, se ha considerado que hay seis emociones básicas universales (aunque según los distintos autores esta clasificación puede variar), que son miedo, sorpresa, asco, ira, alegría y tristeza. Las emociones son estados afectivos acompañados de cambios fisiológicos, cuyo origen es innato pero que a su vez están influidos y modelados por la experiencia. Todas y cada una de ellas cumplen una función esencial en nuestra supervivencia, por lo que han existido prácticamente desde que el hombre es hombre. Y diversas investigaciones habían demostrado que en culturas muy distintas todas ellas se manifiestan básicamente igual. Sin embargo, un reciente estudio ha puesto en duda que realmente todas se entiendan de la misma manera.

Las Universidades de Glasgow (Escocia) y Fribourg (Suiza) estudiaron el modo en que varios grupos de jóvenes occidentales y orientales interpretan las expresiones faciales de las emociones. Se les mostraba una serie de rostros animados por ordenador, y cada participante debía indicar a qué emoción básica correspondía cada expresión, clasificándolas también en función de su intensidad. El resultado fue que ambos grupos identificaron de manera diferente las distintas emociones. Los occidentales las clasificaban de forma muy homogénea, de forma que casi siempre coincidían entre ellos, pero los orientales tendían a discrepar en mayor medida. Esto sucedía especialmente en las expresiones de sorpresa, miedo, asco, ira y tristeza, donde cada participante oriental interpretaba diferentes emociones y sus apreciaciones tendían a solaparse.

Según esto, parece que sí hay una cierta especificidad cultural en la interpretación y expresión facial de las emociones, incluso en las más básicas. De hecho, podría suceder que la clasificación de emociones universales conocida hasta ahora esté en realidad ignorando otras emociones que para diferentes entornos culturales sean más importantes de lo que creemos, como pueden ser la vergüenza, el orgullo o la culpa en el ámbito oriental. Es también posible que esta expresión de las emociones haya sufrido un cambio a lo largo de nuestra evolución, dando mayor peso a las interacciones sociales específicas de cada entorno.

Sin embargo, hubo una emoción que sí fue correctamente interpretada tanto por orientales como por occidentales: la alegría. Como sabemos, uno de los rasgos esenciales de la alegría es la sonrisa, y si bien es cierto que los orientales parecían fijarse más en los ojos y los occidentales en otras partes de la cara como la boca, se trata de una emoción que en todos los casos se identificaba de igual forma.

La sonrisa provoca reacciones positivas en el interlocutor. Nos sentimos mejor cuando alguien nos sonríe, y tendemos a valorar más positivamente a una persona sólo por el hecho de que esté sonriendo. No es un hecho exclusivo de los humanos: también primates como los simios y los monos se sonríen los unos a los otros, a modo de mensaje de amistad. Los efectos positivos se notan incluso a nivel fisiológico, ya que el hecho de ver a alguien alegre provoca una mayor secreción de endorfinas, neurotransmisores relacionados con efectos analgésicos y la sensación de bienestar.

Es decir, que sonreír sinceramente mejora tu bienestar y el de quienes te rodean, y se entiende igual de bien estés donde estés. Así que ya sabes.

 

 

Un pensamiento en “Sonríe, eso sí lo entenderán

  1. Galder
    20/10/2012 a las 12:55 pm

    Bien bonito.

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