¿Qué tipo de persona tiene más probabilidades de ser agresiva cuando bebe?

Que hay gente bebedora no es ninguna novedad. Que algunos, cuando están borrachos, son más graciosos, cariñosos o agresivos, tampoco. Pero, ¿de qué depende la reacción de cada uno? La Universidad Estatal de Ohio (EEUU) ha realizado un estudio con el que buscaban identificar en concreto qué factores hacen que determinadas personas sean más agresivos cuando beben.

El estudio incluía a casi 500 adultos de 23 años de media, todos ellos con la característica de ser bebedores sociales y sin ningún hábito adictivo ni antecedentes psiquiátricos. El hábito de la bebida se suele clasificar en varios grados que van desde la abstinencia total hasta la dependencia alcohólica en grado extremo, pasando por niveles intermedios entre los que está el bebedor social, que es la persona capaz de controlar su hábito, no infringir normas sociales y elegir en cada momento si bebe o no. En este nivel, el alcohol no llega a producir efectos biológicos ni psicosociales nocivos.

Los investigadores partían de la hipótesis de que uno de los factores decisivos podía ser la capacidad de la persona para valorar el impacto futuro de su comportamiento actual. Por ello, se administró a los participantes una prueba para valorar dicha capacidad, que incluía cuestiones como en qué medida la persona estaba de acuerdo o no con afirmaciones del tipo “actúo para satisfacer mis necesidades inmediatas, confiando que en el futuro las cosas se irán resolviendo”. De esta forma, se determinó el nivel de enfoque al presente o, por el contrario, enfoque al futuro de cada participante.

Después les dividieron en dos grupos, uno de los cuales bebió un jugo de naranja mezclado con una proporción de 1:5 de alcohol (grupo de alcohol) y el otro bebió naranja con una mínima cantidad de alcohol (grupo placebo). Con ello, se logró que los participantes del grupo del alcohol alcanzaran un nivel medio de alcohol en sangre de 0,095 g/L, y que los del grupo placebo se mantuvieran en niveles inferiores a los 0,015 g/L.

Por último, se evaluó la agresividad de todos los participantes por medio de pruebas en ordenador, en las que creían competir con otra persona. El ganador de cada prueba podía administrar un choque eléctrico (doloroso aunque inocuo) al perdedor, y además podía también determinar la duración e intensidad del choque. Los propios investigadores controlaban los resultados, ya que en realidad no había oponentes, y permitían que cada participante ganara la mitad de las pruebas, administrándoles por lo tanto descargas en la otra mitad.

El resultado fue que las personas con mayor enfoque hacia el presente y que no pensaban en las consecuencias futuras de sus actos, daban descargas más largas y más intensas. Y esa agresividad, que ocurría en situación normal, se agudizaba aún más cuando habían bebido. Por el contrario, las personas enfocadas hacia el futuro no eran más agresivas aunque hubieran bebido alcohol.

Según los autores del estudio, la explicación puede estar en que el alcohol provoca un estrechamiento de la atención, limitándola a los aspectos que para la persona son más importantes. De forma que para quien ya tiende a centrarse en el presente y no pensar en el futuro, beber no haría más que agudizar dicha tendencia.

 

 

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