La primera impresión sí cuenta, y mucho

Un grupo de gente observa en un vídeo cómo una persona responde con tono cálido y amistoso a una serie de preguntas sobre física cuántica. Otro grupo ve un vídeo en el que la misma persona responde exactamente a las mismas preguntas con las mismas respuestas, pero de forma fría y distante. Después, se pregunta a cada grupo si creen que la persona que han visto es físicamente atractiva. Cualquiera de nosotros diría que poseer conocimientos de física cuántica no tiene nada que ver con la belleza, y que el tono de voz puede, quizás, darnos una idea de si se trata de alguien simpático o no, pero que tampoco guarda relación con el atractivo. Sin embargo, la realidad es que el primer grupo contestará con seguridad que en efecto la persona es atractiva, mientras que el segundo dirá lo contrario.

El ejemplo es real. En 1970, el psicólogo Richard Nisbett realizó este experimento con dos grupos de alumnos y un profesor. Los resultados confirmaban que tenemos una fuerte tendencia a formarnos ideas completas de los demás a partir de tan sólo unos pocos datos. En el ejemplo, los alumnos se consideran capaces de valorar el atractivo físico de una persona tan sólo en función de su tono de voz, pero sucede también por ejemplo con alguien que viste de forma elegante, de quien es más probable que pensemos que además es inteligente y que tiene dinero. Un sólo rasgo puede inclinar de forma decisiva la balanza, determinando la opinión que nos formamos de la persona en su conjunto. Es lo que se denomina el efecto halo: los primeros rasgos que conozcamos de alguien influirán de tal manera en nuestra percepción que pueden determinar el juicio global que nos hagamos de ella, incluso en rasgos que no tienen nada que ver entre sí.

En los años 20, el psicólogo Edward L. Thorndike había pedido a varios oficiales del ejército que valoraran a sus soldados, encontrando una correlación entre las opiniones positivas y las negativas: quien era considerado bueno en un determinado rasgo parecía serlo también en los demás, y quien era malo en uno lo era en el resto. Dicho de otro modo, nuestra opinión de alguien no se formula en términos variados, sino que tendemos a ver los aspectos de la personalidad de los demás de forma conjunta y homogénea.

Quien es físicamente atractivo es a menudo juzgado como más simpático y sociable; de alguien experto en una materia tenderemos a creer que lo sea también en otras; un actor famoso y atractivo se convierte en alguien inteligente, sensato y generoso. Todo esto lo saben bien los publicistas, y por eso vemos por ejemplo a Eduardo Punset vendiendo pan de molde. Y los políticos son también conscientes de que si resultan atractivos y cercanos, la gente tenderá a pensar que son más inteligentes, cultos y capaces de gobernar.

Además, como sabemos una opinión ya formada es muy difícil de cambiar, aun cuando se nos presente evidencia contraria. Cuando en el experimento de Nisbett se le explicó a cada grupo que quizás el juicio emitido sobre el atractivo del profesor estaba influenciado por su tono de voz, los estudiantes rechazaron la idea y continuaron convencidos de que su juicio era correcto, objetivo y bien fundamentado.

Por supuesto, difícil de cambiar no quiere decir inamovible. El efecto halo se puede combatir con un mayor trato con la persona, que aporte nueva información y sirva para matizar e incluso llegar a modificar el juicio formado en un primer momento. Pero la sabiduría popular sabe del poder de esa primera impresión, que por otro lado no se limita a las personas. Este efecto se puede producir también en los productos que vende una empresa (consideraremos todos los coches de una determinada marca como más fiables o seguros si nuestra experiencia con uno de sus modelos así nos lo ha indicado), o incluso en temas como la política: si creemos que un gobernante es razonable, supondremos inconscientemente que sus políticas también lo serán… lo cual no siempre parece llevarnos por buen camino.

 

 

3 pensamientos en “La primera impresión sí cuenta, y mucho

  1. Galder
    16/04/2012 a las 1:01 pm

    Interesante, procuraré vestir bien siempre.
    Y si creo que la voz puede tener relación directa con el atractivo. En especial para ellas.

  2. Patu
    20/04/2012 a las 6:45 pm

    Jeje, no sabía que leías “El Listo”.

  3. Cristina
    06/04/2014 a las 8:54 pm

    Yo creo que incluso formamos interiormente un número limitado de estereotipos a partir de las personas que conocemos y cuando tratamos con gente nueva, sin querer, la relacionamos y encasillamos en ese perfil mentalmente prediseñado (de algún amigo o conocido)…de ahí a que muchas veces nos de la impresión de que a alguien que acabamos de conocer lo conocemos de toda la vida.

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