Trabajar, ¿una plaga bíblica?

En estos tiempos que corren, en los que tanta gente necesita encontrar un empleo, hablar de lo malo que en realidad puede llegar a ser el trabajo quizás sea un tanto atrevido. Pero lo cierto es que una cosa no quita la otra, y no está de más detenerse a reflexionar sobre las consecuencias negativas de trabajar, que también existen.

La seguridad y salud laboral es la disciplina que se dedica a estudiar y prevenir aquellas condiciones de trabajo que puedan derivar en daños a la salud. Muchos países del mundo han legislado al respecto, y es cada vez más habitual que las empresas incluyan dentro de sus políticas de responsabilidad social corporativa las buenas prácticas de salud laboral.

Y es que, aunque todavía nos queda mucho camino por recorrer, lo cierto es que cada día conocemos mejor las consecuencias negativas del trabajo. En particular, trabajar más horas de las normales (entendiendo por tal el hecho de hacer horas extras de forma habitual), independientemente de la actividad laboral de que se trate, puede derivar en una serie de enfermedades y trastornos. Para empezar, un exceso de horas de trabajo suele obligar a dejar de dedicar tiempo a otras actividades como el ocio, la alimentación, la actividad física, la familia o los amigos. Además, casi inevitablemente, una mayor carga de trabajo y menor tiempo para recuperarse lleva a un aumento de la fatiga y el estrés.

Este estrés produce un aumento de niveles de la hormona cortisol (ya hablamos hace algún tiempo de que ese aumento se podía medir incluso en el pelo), cuyo exceso puede llegar a dañar zonas del cerebro relacionadas con la memoria y el aprendizaje. Pero, además, la mayor exposición al estrés, el menor tiempo para el ocio y otras actividades y el alejamiento de la familia y de las amistades por falta de tiempo, aumentan la probabilidad de tener sentimientos de soledad y aislamiento y de sufrir depresión.

El insomnio y otros trastornos del sueño son también habituales entre quienes trabajan en exceso. Los horarios se trastocan, los ritmos de sueño y alimentación pierden su regularidad, y el excesivo cansancio hace más difícil conciliar y disfrutar de un sueño reparador. Y una peor calidad de sueño, a largo plazo, da lugar a alteraciones cognitivas, cardíacas, hipertensión y diabetes, entre otros. La alteración del ritmo biológico, sobre todo si el trabajo implica horas nocturnas, eleva además el riesgo de sufrir obesidad (peor alimentación, menos ejercicio, etc.) y aumenta la resistencia a la insulina natural, ambos factores de riesgo de la diabetes tipo dos (la más frecuente). Además, aumenta el consumo de tabaco, alcohol y otras sustancias, como mecanismo de defensa para combatir el cansancio y evadirse de las dificultades y la presión laboral.

Por último, el sedentarismo prolongado (pasar más de 8 horas diarias sentados) reduce la cantidad de calorías quemadas y también eleva el riesgo de obesidad, la resistencia a la insulina y el colesterol. Además, provoca dolor de espalda (un mal crónico muy frecuente en nuestra sociedad), y junto con el estrés, los malos hábitos de alimentación y de sueño, el sedentarismo aumenta la probabilidad de riesgo de ataque cardíaco en más de un 50%.

Así que ya sabes: aliméntate y duerme bien, haz ejercicio y evita el estrés. Y por supuesto, si puedes, trabaja y hazlo bien, pero procura que no sea en exceso.

 

 

Un pensamiento en “Trabajar, ¿una plaga bíblica?

  1. Marta
    19/03/2012 a las 11:32 am

    Por no hablar de las migrañas, los problemas de estómago y el mal carácter, en general, provocado por ese mal endémico que es la frustración laboral y tener un jefe al que no soportas…

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