¿Tienen conciencia los animales?

El pasado 23 de febrero tuvo lugar en la Universidad de Oxford (Reino Unido) un debate entre el biólogo Richard Dawkins y el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, con el título “La naturaleza del ser humano y la cuestión de su origen último”. Se trataron temas como el origen de la vida, su evolución hasta nuestros días y la existencia o no de un creador superior.

Entre los muchos argumentos utilizados por ambas partes, el arzobispo Williams quiso demostrar la existencia de Dios basándose en el hecho de que, según él, el hombre es el único entre todos los animales que “tiene conciencia”, y que por lo tanto debió de ser Dios quien nos dotó de ella. Pero, ¿realmente somos los únicos en el reino animal con ese atributo?

Lograr una definición exacta de qué es la conciencia es complicado, aunque podríamos decir que se trata de la noción que un individuo tiene de sí mismo y de su entorno, por medio de la cual es capaz de percibir y entender tanto los estímulos que le rodean como los que salen de su propio interior, alcanzando así una comprensión que le permita actuar con cierto raciocino y reflexión en lugar de con una conducta meramente automática. Esa conciencia permite además hacer valoraciones éticas respecto a lo que está bien y mal, e identificar lo que otros pueden estar pensando o sintiendo y cuáles son sus intenciones.

Pues bien, gran cantidad de estudios realizados en las últimas décadas demuestran que también los animales poseen conciencia, aunque sea un tanto rudimentaria. Por ejemplo, uno de los signos comúnmente aceptados como indicador de conciencia es la capacidad de reconocerse en un espejo. Y sabemos que los chimpancés son capaces de hacerlo, usando su reflejo para inspeccionar partes de su propio cuerpo que sólo pueden ver a través del espejo. Además, si el chimpancé sufre algún tipo de herida, también sabe identificarla en el reflejo y reconocerla como algo extraño a su cuerpo. Esta capacidad se ha encontrado igualmente en delfines, elefantes e incluso urracas.

Otro de los comportamientos indicadores de conciencia podría ser la capacidad de empatizar y sentir emociones como la tristeza por la muerte de seres cercanos. En este sentido, se ha encontrado que los elefantes distinguen los huesos de cadáveres de su misma especie, con los que interactúan (cuando encuentran los restos de otro elefante, los tocan con sus trompas y sus pezuñas), sabiendo diferenciarlos que los de otros animales. E incluso parece que a través del olor saben identificar los restos de elefantes que hayan pertenecido a su familia o su manada, con los que se detienen más tiempo. Por su parte, los chimpancés son capaces de calmar y consolar con abrazos y besos a quien después de una pelea haya resultado perdedor, lo que también puede entenderse como una expresión de empatía.

La conducta altruista es otro caso tras el que debe existir cierto grado de conciencia, al exigir la capacidad de ponerse en el lugar de otros, reconocer cuándo necesitan ayuda y estar dispuestos a darla. Los chimpancés pueden recoger un objeto que se le haya caído accidentalmente a su dueño y devolvérselo si éste lo necesita, avisar de la existencia de una puerta si con ello ayudan a recuperar un objeto, o alertar de un apilamiento inestable de libros. Con ello, el animal está demostrando capacidad de identificar el estado mental del otro y actuar conforme a este, incluso aunque no medie recompensa de ningún tipo.

El pensamiento abstracto se considera también un indicador de conciencia, ya que implica entre otras la capacidad de deducir propiedades diferentes para un mismo objeto y saber aplicarlo a distintas situaciones, además de generalizar el aprendizaje de experiencias pasadas y aplicarlo a otras nuevas. Dicho de otro modo, supone un cierto grado de reflexión y raciocinio. Pues bien, además de los humanos (aunque me entra la duda de si todos…), los orangutanes son capaces de encontrar la solución a problemas que obligan a razonamientos elaborados, como alcanzar un cacahuete flotando en agua en el interior de un tubo largo y estrecho en el que no cabe la mano (la solución es echar más agua hasta que el fruto seco llega al borde: esto supone dar al agua un uso completamente distinto al conocido y habitual para el animal). Incluso las ratas muestran cierta capacidad de pensamiento abstracto, al aplicar experiencias pasadas a situaciones nuevas aunque semejantes: tras aprender que reciben comida sólo cuando ven una determinada secuencia de luces, son capaces de generalizar dicho conocimiento a señales auditivas con una secuencia similar.

Hay más ejemplos, como el sentido de la justicia. Gracias a él, somos capaces de entender cuándo algo se ajusta a las normas implícitas de cómo debe ser un trato equitativo, y actuar en consecuencia. Por ejemplo, los monos dejan de consumir alimentos si ese comportamiento se pone en relación con causar daño a un semejante, de forma que prefieren sacrificar (momentáneamente) su alimentación con tal de evitar el daño. Algunos estudios demuestran que incluso el perro tiene una cierta idea de lo que es o no justo: si se le recompensa por ejemplo cuando da la pata seguirá haciéndolo, pero si se le deja de premiar y en su lugar se premia a su compañero, el animal dejará de colaborar e incluso evitará mirar a la cara del humano.

Por último, la capacidad de planificar el futuro exige valorar las potenciales consecuencias de los actos y decidir entre distintas alternativas, también un rasgo propio de seres conscientes. Según parece, grandes simios como los bonobos y los orangutanes son capaces de elegir entre diferentes herramientas aquellas que si bien en un primer momento pueden ser inútiles, tras varias horas de espera sí les servirán para lograr alimentos. Esto supone seleccionar, trasportar y guardar la herramienta apropiada no porque sea necesaria en ese momento, sino porque prevén que podría ser necesaria en un futuro.

En definitiva, asegurar que sólo el ser humano tiene conciencia parece cuando menos arriesgado. Aunque se trata de un debate abierto y en el que aún estamos lejos de llegar a una conclusión definitiva (es necesario mayor estudio con otros animales, situaciones que pongan en juego diferentes capacidades, etc.), parece más razonable pensar que en realidad la conciencia es un continuo en el que aunque nuestra especie haya alcanzado el mayor nivel de capacidad, no poseemos ni mucho menos la exclusividad.

 

 

2 pensamientos en “¿Tienen conciencia los animales?

  1. Galder
    23/03/2012 a las 7:13 pm

    Eso de que la conciencia es un continuo parece lógico. Y también te dejo una pregunta: ¿tienen conciencia los humanos? O más bien: ¿les importa un carajo lo que la conciencia pueda aportarles si no es afín a sus intereses?

  2. 25/06/2012 a las 1:19 am

    los animales de actitud màs bàsica son los reptiles y gran parte de las aves y todos los demàs que estàn “por debajo” en la clasificaciòn evolutiva clàsica; En el ser humano -propuesto como modelo de perfecciòn- se distinguen tres construcciones o capas cerebrales:
    -el cerebro “reptil” (instintos, reacciones básicas y pulsiones)
    -el cerebro “mamífero” que produce el comportamiento emocional y que ocupa la mayor parte del volumen cerebral
    -la corteza cerebral, màs pequeña, que rige los procesos lógicos
    la mayorìa de reptiles no tienen una amplia actividad emocional. Los músculos faciales relacionados con ella de la mayorìa de estos animales apenas se mueven.
    Pero que el ser humano es el único capaz de pensar es inexacto. Somos el único animal capaz de pensar al estilo humano, lo cual a veces se confunde con el estilo moderno. Pero los animales hacen sus deducciones, tienen memoria emocional y estrategias en la vida. Lo que no tienen es un plan, porque se dejan llevar por el de la Naturaleza. Otros primates también son conscientes del tiempo y de la muerte, pero insisto en que esto se lo dejo a quien tenga experiencia en el tema. Entre otras cosas este plan es emocional -el amor antes que el dinero-, lo que nos iguala a otros animales.

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