Lenguaje y sexismo

En los últimos años, varios organismos e instituciones han publicado distintas “guías de lenguaje no sexista”. En la creencia de que el lenguaje que usamos es un reflejo de nuestras actitudes, estas guías pretenden contribuir a modificar comportamientos como el machismo y la discriminación por razón de sexo, a través de un cambio en la forma de hablar. Pero, recientemente, la Real Academia Española de la Lengua ha criticado estas prácticas. Considera que las guías fuerzan a prácticas lingüísticas extrañas, violan normas gramaticales y olvidan que entre género gramatical (masculino y femenino) y sexo (hombre y mujer) no necesariamente existe correspondencia.

En efecto, para mucha gente el enfoque de las guías es artificial, forzado y poco acertado, y hay que reconocer que en general no se han seguido sus recomendaciones. Podríamos decir que aunque la intención fuese buena, el modo en que se ha planteado es erróneo. Y es que, tal y como indica la RAE en su informe, “nadie niega que la lengua refleje, especialmente en su léxico, distinciones de naturaleza social, pero es muy discutible que la evolución de su estructura morfológica y sintáctica dependa de la decisión consciente de los hablantes o que se pueda controlar con normas de política lingüística.

No obstante, no por ello la idea que muchas veces subyace a este tipo de guías deja de ser cierta: que pensamiento y lenguaje están fuertemente relacionados, y que el modo en que describimos nuestra realidad es un fiel reflejo de cómo la percibimos, de las actitudes que mostramos hacia ella y de los comportamientos que manifestamos. Dicho de otro modo, el lenguaje es una expresión del pensamiento. No se trata por lo tanto de discutir si los usos verbales son o no sexistas, sino de que las creencias que subyacen se pueden ver reflejadas en dichos usos verbales.

Cuando consciente o inconscientemente realizamos operaciones de pensamiento, estamos definiendo las características esenciales de una idea, dándole forma y contenido: es lo que se denomina conceptualización. Esto incluye realizar abstracciones, generalizaciones y juicios sobre la idea o el concepto en concreto, formándonos también una opinión al respecto. Para expresar esos conceptos utilizamos símbolos (las palabras) que combinadas con otros símbolos lingüísticos y no lingüísticos (como el contexto o los componentes de comunicación no verbal) dan lugar al mensaje.

Es decir, el lenguaje tiene una importante función simbólica que permite representar el mundo en que vivimos. Gracias a su propiedad de desplazamiento referencial, las palabras no se relacionan directamente con los objetos del mundo físico sino con sus representaciones mentales, lo que nos permite entender e interactuar con el mundo en ausencia de dichos objetos. Esa capacidad implica a su vez que el modo en que nos expresamos condicione la forma de percibir la realidad que nos rodea.

Dicho de otro modo, el lenguaje orienta y modela la organización de nuestra percepción y de nuestro pensamiento. El nombre que le ponemos a las cosas (incluso el mero hecho de que haya o no una palabra para definir algo) y el uso que hacemos de ese nombre se convierten en una etiqueta que marca nuestra idea de las cosas, dotando a las palabras de un contenido que va más allá de su significado directo e incluyendo connotaciones y matices diversos muchas veces no exentos de sesgos.

Y es que el lenguaje no es sólo un medio de comunicación, sino que es también creador y transmisor de conocimiento, cultura y costumbres sociales. La interrelación entre lenguaje y pensamiento, por lo tanto, es bidireccional: el lenguaje permite expresar nuestros pensamientos, pero a la vez lo estructura, lo concreta, lo fija e incluso lo puede modificar.

 

 

4 pensamientos en “Lenguaje y sexismo

  1. Patu
    16/03/2012 a las 1:27 pm

    Llevaba mucho tiempo sin leerte y he decidido ponerme al día y, mira tú por dónde, me encuentro con que tu última entrada me toca muy de cerca, como lingüista y como mujer. En relación a la polémica reciente con las declaraciones de la RAE y el artículo del académico del Bosque en El País, podría extenderme bastante pero solo diré que probablemente no haya un profesional de los idiomas, independientemente de su sexo, ideología o trayectoria, que no contemple las mencionadas guías como un despropósito que pretende, para no variar, politizar la lengua y convertirla en arma arrojadiza en manos de gente que no tiene ni puta idea de lo que está hablando, que es una cosa que en este país nos encanta hacer.

    En relación a la teoría que planteas sobre la relación entre lengua y personalidad te diré que, de hecho, existen teorías añejas en lingüística que van más allá y establecen una relación directa entre las características gramaticales, semánticas y sintácticas de los idiomas y el carácter colectivo de los pueblos que los hablan.

  2. Miguel Ángel Mendo
    22/03/2012 a las 4:03 pm

    Sobre el tema recomiendo este interesante artículo, con un abordaje muy original: http://laspalabras-mendo.blogspot.com.es/2012/03/sobre-lenguaje-y-sexismo.html

  3. david oliva
    08/04/2012 a las 5:56 am

    por eso, hablar varios idiomas desarrolla el intelecto, gran artìculo, me encanta tu fundamentaciòny rigurosidad al escribir, mis respetos como dicen en mèxico

  4. Marcelo
    27/07/2012 a las 5:41 pm

    La discriminación tiene un sentido bastante claro y universal. Si “los señores” linguistas del Español no lo entienden, no creo que a muchas personas les interese, por lo demás.

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