La trampa de los smartphones

iPhones, androids, blackberrys… Cual plaga bíblica, los teléfonos inteligentes se han reproducido y han invadido nuestra vida, convirtiéndose en pocos años en algo familiar para la mayoría de nosotros. Es cierto que mucha gente no tiene uno (y ni falta que hace, dirían), pero cada vez somos más los que utilizamos, por necesidad o por gusto, un teléfono que además nos sirve para acceder a internet, leer los e-mails, conectarnos a las redes sociales y estar en permanente contacto con amigos y compañeros de trabajo.

Las ventajas son innegables pero, como casi siempre pasa con el progreso, viene acompañado de ciertos riesgos de los que no siempre somos conscientes. Desde hace algunos años, se sospecha que el uso de este tipo de teléfonos puede tener efectos negativos para la salud. La Universidad de Worcester (Reino Unido) ha llevado a cabo un estudio con más de 100 usuarios de smartphone (desde estudiantes universitarios hasta dependientes de tiendas y empleados públicos) a los que ha evaluado mediante cuestionarios y pruebas psicométricas. El resultado es que la gente muestra una especial ansiedad por recibir mensajes, que en muchos casos se convierte en verdadera obsesión. Hasta el punto de que algunos sienten por ejemplo vibraciones fantasma por un mensaje que realmente no han recibido. Cuando el mensaje sí se ha recibido, el usuario se siente obligado a revisarlo y responder de inmediato.

El problema fue inicialmente identificado en aquellas personas que utilizaban el teléfono para el trabajo (se sabía por ejemplo que sufrían subidas de tensión arterial momentáneas cada vez que recibían un mensaje), pero ahora se ha encontrado también en usos no profesionales: quienes lo usan para el ocio tienen también tendencia a comprobar repetidamente si han recibido mensajes y las actualizaciones en sus redes sociales. Y es un círculo vicioso, ya que los más ansiosos son quienes tienen más necesidad de consultar el móvil, a la vez que quienes más lo consultan son los que acaban sufriendo más estrés. De hecho, parece que este estrés está empezando a ser mucho mayor en el uso personal que en el profesional.

Según Richard Balding, psicólogo responsable del estudio de la Universidad de Worcester, “los smartphones se usan cada vez más para ayudar a las personas a afrontar distintos aspectos de sus vidas, pero mientras más los usamos, más dependientes nos volvemos de ellos y con esto aumentamos el estrés en lugar de aliviarlo”. Algunas empresas como Volkswagen empiezan a ser conscientes del problema, y han establecido que sus empleados en Alemania no puedan recibir mensajes fuera del horario laboral, para evitar que sigan en situación de disponibilidad total.

Hace unos años, la Sloan School of Business del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), analizó los efectos del uso de las blackberry en los trabajadores de una empresa financiera. En un principio, se entregaron para mejorar el equilibrio entre vida laboral y personal, ya que muchos empleados necesitaban conectarse fuera del trabajo para responder mensajes pendientes. Si aprovechaban para ello tiempos muertos, la empresa consideraba que los trabajadores podrían desconectar mejor cuando llegaran a sus hogares. Sin embargo, los resultados fueron justo los opuestos.

Hoy día nos puede parecer obvio, pero en su momento no era fácil prever que casi nueve de cada diez se acabarían convirtiendo en adictos al teléfono, revisando los mensajes cada cinco minutos estuvieran donde estuvieran. La blackberry provocó que se difuminaran los límites entre vida personal y laboral, y se generó la creencia de que todos debían estar disponibles las 24 horas del día, los 7 días de la semana, y si alguien mandaba un mensaje esperaba respuesta casi inmediata.

En los casos más graves, se puede hablar de una dependencia patológica del móvil, muy parecida a la que se sufre por las drogas. Los síntomas son muy similares en ambos casos: un uso del teléfono durante varios meses que provoca un malestar significativo, desarrollando hacia el teléfono cada vez mayor necesidad de uso y sin el cual se padece el síndrome de abstinencia (ansiedad en el caso de interrumpir su uso y necesidad de él para aliviar esa ansiedad), y un uso cada vez mayor y durante más tiempo a pesar de los esfuerzos para controlarlo, sacrificando otras actividades sociales y familiares y a pesar de tener conciencia de los problemas que causa.

La mayoría de nosotros no estamos en ese nivel, afortunadamente, pero sí es cada vez más frecuente un cierto grado de necesidad y dependencia no del todo saludable (en su momento, recibió el nombre de “crackberry”, en clara referencia a las entonces preponderantes blackberrys). En todo caso, este es un tema que necesita aún de mayor estudio, ya que no está claro qué causa qué (no se puede descartar, por ejemplo, que las personas ya estresadas sean las más propensas a revisar compulsivamente el teléfono), ni si hay otros factores como la personalidad o las habilidades sociales que puedan estar influyendo.

 

 

4 pensamientos en “La trampa de los smartphones

  1. Marta
    28/01/2012 a las 11:08 am

    Por Dios, maldito Papá Noël, me ha traído un regalo envenenado!
    Bromas aparte, desde mi experiencia personal, reconozco que desde que tengo un smartphone uso más el teléfono y estoy más pendiente de él (sobre todo de las notificaciones del whatsapp), pero tampoco demasiado. Imagino que el hecho de que siempre haya sido una persona muy despreocupada de su móvil hace que siga siéndolo un poco.
    Eso sí, todos los días veo a mis compañeros de trabajo y sus Blackberries, ya sean personales o profesionales, que comen con ellas pegadas al plato, y se mueven de un lado a otro de la oficina con ellas de la mano, y no dejan de consultarlas durante las reuniones y los cursos, no pueden resistirse a la luz roja parpadeante.
    Sinceramente, creo que la BB es más adictiva.

  2. Galder
    28/01/2012 a las 2:09 pm

    Aunque peque de ser una explicación simple, para mi el asunto está muy relacionado con el hecho de ser queridos. De estar “integrados” en el mundo. De ser una estrella de rock sin haber publicado un álbum.
    Para mi tiene una parte patética y otra muy tierna.

  3. 31/01/2012 a las 4:31 pm

    A mi me pasa con el refresco del correo electrónico. No se cuantas veces le puedo dar en un día. Pero si hiciera lo mismo picando, una zanja profunda tendría.

  4. kiko
    10/11/2014 a las 4:21 pm

    ¿quien ha mirado su telefono mientras leia este articulo?

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