“Aquí las cosas siempre se han hecho así”

La psicología de las organizaciones estudia el modo como se crean, evolucionan y cambian las normas y la cultura dentro de las empresas. Son muchos los factores que entran en juego, y por supuesto no son procesos sencillos ni fáciles de entender y mucho menos de modificar. Pero no vamos a entrar en complicados detalles técnicos. En su lugar, veamos una breve explicación de cómo se puede llegar a la tan conocida y común filosofía de trabajo del “esto siempre ha sido así”.

¿Quién no se ha encontrado alguna vez con ese tipo de argumentos? Sea de forma explícita (no muy frecuente) o implícita en los procedimientos de trabajo (mucho más habitual), hay inercias y costumbres muy difíciles de cambiar. Es como si la fuerza del hábito, por sí misma, fuese suficiente para justificar los métodos de trabajo.

Pero seguro que en origen las razones fueron otras. Cuenta una historia (probablemente inventada, o como mínimo de origen desconocido por lo menos para el autor de este artículo), que un grupo de investigadores llevó a cabo un experimento que permitió comprobar el modo en que se crean las normas de funcionamiento en los grupos. En una habitación cerrada introdujeron 20 monos. Del techo colgaron un plátano al que sólo se podía llegar por medio de una escalera situada en el centro. Además, instalaron un sistema de riego de agua helada en toda la habitación, que se activaba en cuanto un mono empezaba a subir la escalera. Los animales aprendieron rápidamente que cada vez que uno de ellos intentaba alcanzar el plátano, los veinte recibían la lluvia de agua helada.

Después, sustituyeron a uno de los monos por otro nuevo. En cuanto el nuevo intentó subir la escalera a coger el plátano, el resto empezaron a agredirle para evitar la lluvia de agua. Cuando el nuevo hubo aprendido que no debía subir (sin haber sufrido ni una sola gota del agua helada), reemplazaron a otro de los monos antiguos por uno nuevo. La historia se repitió, y el que más fuerte pegaba era precisamente el anterior mono en llegar.

El proceso de sustituir monos continuó hasta que no quedó ninguno de los 20 originales. Todos eran nuevos, que sin tener la menor idea de porqué (nunca habían recibido la ducha de agua helada), agredían a cualquiera que intentara subir por la escalera. De hecho, el sistema de lluvia de agua estaba ya desconectado y el intento de alcanzar el plátano no tendría por lo tanto castigo, pero daba igual: los monos impedían con agresividad cualquier intento al respecto, por lo que nunca descubrían que el agua ya no caía.

Si fuera posible preguntar a los monos nuevos el porqué de los castigos, es de suponer que su respuesta sería algo así como “la verdad es que no lo sé, pero aquí el plátano siempre ha estado prohibido”.

En realidad, es posible que semejante experimento nunca se haya realizado, pero sirve como metáfora para reflexionar. Aunque casi nadie sepa el porqué de muchas de las normas en las organizaciones ni si siguen siendo válidas o si las circunstancias han cambiado, todos colaboran en su cumplimiento. Se justifica con que las normas son necesarias y el trabajo en equipo exigen que se respeten. Lo cual es cierto, pero su seguimiento ciego y acrítico no aporta nada positivo, y por el contrario sí lleva a la pérdida de iniciativa, creatividad y capacidad de innovación.

Moraleja: no seamos tan monos.

 

P.D. Hay otra historia que también nos puede servir de reflexión. Como sabemos, los gansos vuelan juntos formando una “V”. La razón es que al batir las alas cada pájaro produce un movimiento de aire que ayuda al siguiente. De este modo, la capacidad de vuelo aumenta en cerca de un 70% respecto a si cada animal volara solo. Cuando el líder se cansa, cambia su
posición a uno de los puestos de atrás y otro ganso ocupa su lugar.

Moraleja 2: quizás sí merezca la pena aprender de los gansos, que saben trabajar en equipo, colaborar y mantenerse unidos.

 

 

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