“Curar” la homosexualidad

Han pasado casi cuatro décadas desde que, por fin, la homosexualidad dejó de formar parte de los manuales de enfermedades psiquiátricas. Sin embargo aún hoy día seguimos oyendo que la homosexualidad “puede curarse”, como si se tratara de un trastorno que necesite tratamiento de algún tipo. Casi siempre lo afirman supuestos expertos cuyas inclinaciones ideológicas son las que en realidad parecen guiar sus declaraciones. Una de las últimas veces fue un grupo de psicólogos cristianos, a raíz de la visita del Papa Benedicto XVI a España. En otras ocasiones, lo proclaman políticos que defienden el “derecho a acudir a un profesional para cambiar de orientación sexual”.

Y es que hay temas sobre los que puede no haber una “verdad” científica, como el aborto o la poligamia, y por lo tanto tan respetable es una postura como la contraria. Pero en demasiadas ocasiones se opina sobre asuntos para los que la ciencia ya ha establecido criterios bien fundamentados, olvidando dichos criterios y prefiriendo dejarse llevar por los prejuicios. Así, se califican como “enfermedades” comportamientos que, como mucho, son simples desviaciones de lo que se considera oficial o estadísticamente habitual.

Hace poco, conocimos por ejemplo las recomendaciones terapéuticas de la Asociación de Médicos Católicos Alemanes. Se trata de una combinación de psicoterapia, homeopatía y consejos religiosos que tienen el objetivo de “ayudar a las personas con inclinaciones homosexuales que se encuentran en dificultades y sufren por ello”.

Conviene despojar al debate de consideraciones ideológicas o morales, y valorar el efecto y las consecuencias que de hecho tienen ese tipo de propuestas. A este respecto, la Asociación Americana de Psicología (APA) actualizó hace unas semanas su informe de 1998 sobre los resultados de las terapias de modificación de la orientación sexual. Para ello, realizó una revisión sistemática de la literatura especializada y de la evidencia disponible hasta la fecha (estudios, investigaciones, publicaciones, etc.).

Su conclusión es clara: no es cierto que los homosexuales (gays, lesbianas y/o bisexuales) presenten un trastorno psicológico: al contrario, se trata de un patrón normal y sano, aunque sea minoritario. La APA afirma que los homosexuales pueden perfectamente formar relaciones estables, comprometerse y crear familias, igual que los heterosexuales. Lo que sí constituye una importante fuente de estrés y de serias dificultades de adaptación es el estigma social a que se ven sometidos, llegando en algunos casos a necesitar apoyo psicológico para aprender a afrontar esas situaciones de discriminación.

Respecto a las terapias dirigidas a cambiar la orientación sexual, la APA considera que no son en absoluto eficaces. Presentan altas tasas de abandono y la mayoría de las veces no logran un cambio relevante ni mantenido, además de que dicho cambio no se generaliza a la vida cotidiana. Pero, además, estas intervenciones tienen serios efectos secundarios: aumentan el riesgo de desarrollar trastornos del estado de ánimo y de ansiedad, disminuyen el deseo sexual e incluso pueden provocar comportamientos suicidas. Efectos que se producen también en los niños y adolescentes que se someten a estos tratamientos.

El tratamiento más adecuado es la llamada Terapia Afirmativa, que ayuda a asumir la propia identidad sexual y a desarrollar un afrontamiento efectivo frente al estigma y la presión social. Todo ello, sin imponer un resultado específico de orientación sexual. En la población infanto-juvenil, además, es fundamental trabajar con la familia para fomentar la aceptación de la situación, y con la escuela y la comunidad para prevenir la aparición del rechazo y la discriminación.

El colectivo de homosexuales que se encuentra en peor situación, según la APA, es el de aquellas personas que poseen valores religiosos conservadores y muy arraigados, según los cuales su orientación sexual es inaceptable y debe ser cambiada. Para estos casos, el tratamiento debe ser el mismo, pero poniendo especial énfasis en la fe que profesa el paciente, de forma que pueda explorar el verdadero significado que para él tienen sus creencias y lograr un equilibrio entre estas y su identidad sexual.

En definitiva, la conclusión es que si de algún modo el homosexual tiene problemas, estos son causados por la intolerancia y la discriminación a que se ve sometido. Por ello, desde un punto de vista psicológico la solución pasa por promover la autonomía de la persona y por facilitar su libertad de decisión, combatiendo el rechazo y facilitando la aceptación de la propia identidad sexual. Y no por cambiar en ellos lo que no nos gusta.

 

 

Un pensamiento en ““Curar” la homosexualidad

  1. david oliva
    14/12/2011 a las 12:24 am

    Me ha gustado mucho el ensayo, con lo ùnico que no estarìa de acuerdo es con esta frase:

    es que hay temas sobre los que puede no haber una “verdad” científica, como el aborto o la poligamia, y por lo tanto tan respetable es una postura como la contraria

    Creo que la ciencia si puede dar informaciòn que puede hacer caer el peso de la balanza en estos complejos temas. POr ejemplo, datos empìricos sobre los efectos de una ley del aborto en nùmero de abortos, mujeres muertas por abortors ilegales..

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