Sigmund Freud

Ayer viernes 25 de noviembre se estrenó en España la película “Un método peligroso”, dirigida por David Cronenberg y en la que Viggo Mortensen interpreta a Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis. Surge con ella de nuevo la ocasión de valorar la figura de Freud, como personaje clave en la historia de la psicología y creador de una de las escuelas psicológicas de mayor influencia social.

Se ha llegado a decir que Freud es una de las personas más influyentes en el pensamiento moderno, quizás sólo equiparable a Karl Marx, Charles Darwin y Galileo Galilei. No cabe duda, en cualquier caso, que la teoría del psicoanálisis ha alcanzado una gran popularidad en muchos ámbitos de la cultura y la sociedad. Desde la filosofía hasta la política, pasando por la literatura, el cine o la pintura, hemos visto cómo los conceptos freudianos han calado y forman parte de nuestro día a día. ¿Quién no ha oído hablar del “lapsus freudiano”, el “complejo de Edipo”, o el “super-yo”?

No obstante, conviene reflexionar sobre si el psicoanálisis logra dar respuesta al que de hecho ha sido y sigue siendo su verdadero y principal objetivo: la curación de los trastornos mentales. A lo largo sobre todo de los últimos 60 años, se han llevado a cabo cientos de investigaciones para comprobar la eficacia del psicoanálisis. Han sido evaluados sus fundamentos teóricos y se han contrastado empíricamente sus predicciones, realizando estudios clínicos, comparaciones inter-tratamientos y seguimientos de casos, entre otros muchos. Las conclusiones no son muy halagüeñas.

El filósofo de la ciencia Karl Popper, por ejemplo, considera que las teorías freudianas se basan en hipótesis no falsables: es decir, están formuladas de tal modo que siempre, sean los hechos los que sean, resultan ciertas: si la evidencia no confirma la hipótesis, entonces los datos se reinterpretan hasta que se adapta a la hipótesis. Adolf Grünbaum, también filósofo, da un paso más y dice que el psicoanálisis sólo es infalsable en lo que sería propiamente la situación terapéutica, por las explicaciones circulares sobre los mecanismos del inconsciente. Considera que en realidad la teoría sí se puede traducir en hipótesis contrastables, estableciendo predicciones sobre la curación y el comportamiento humano. El resultado, una vez sometida a comprobación empírica rigurosa, es que resulta ser una teoría falsa.

Además, los pacientes atendidos por los psicoanalistas pasan por una selección previa más o menos explícita, bajo el argumento de que no todas las personas responden igual a la terapia. De forma que el cliente acaba siendo casi siempre alguien joven, atractivo, con facilidad de palabra, inteligente y con éxito (y, se podría añadir, con dinero), lo que en inglés se denomina “YAVIS”: young, attractive, verbal, intelligent, successful. No hace falta saber mucha psicopatología para imaginar que una persona así es alguien que muy enfermo no está, y desde luego no de forma grave.

Pero es que ni siquiera con una población objetivo tan asequible terapéuticamente hablando, el psicoanálisis resulta eficaz. En la década de 1960, el psicólogo Hans J. Eysenck recopiló todos los estudios hechos hasta la fecha sobre la efectividad del psicoanálisis. El resultado fue que sus propuestas terapéuticas son la mayoría de las veces inocuas y no aportan ninguna mejora respecto a la remisión espontánea, es decir, que someterse a psicoanálisis y no hacer nada viene a ser lo mismo. De hecho, Freud es también criticado por haber falseado los resultados de sus trabajos. Da a entender haber logrado la curación de muchos de sus pacientes (casos conocidos son el de Anna O., o el de el hombre de los lobos Sergei Pankejeff), cuando en realidad no fue así. La evidencia acumulada hasta la fecha demuestra que, como mucho, el psicoanálisis es tan eficaz como el efecto placebo (lo que dicho sea de paso no sería en absoluto desdeñable: el placebo puede ser una poderosa arma terapéutica, como vimos en otro artículo). Pero no aporta capacidad curativa, como tampoco lo hace la homeopatía, la imposición de manos o la astrología.

Por si no fuera suficiente, el psicoanálisis tampoco aporta conceptos teóricos de utilidad. Sus ideas supuestamente innovadoras ya existían (como el inconsciente, tratado antes por autores como Leibniz o Schopenhauer, al que si bien Freud le dotó de un nuevo significado, este ha sido ampliamente rebatido), o sí son novedosos pero claramente falsos (como el complejo de Edipo). Eysenck, en su libro “Decadencia y caída del imperio Freudiano”, de 1988, afirma que “lo que hay de cierto en Sigmund Freud no es nuevo, y lo que hay de nuevo en Freud no es cierto

Afortunadamente, el psicoanálisis está actualmente en franca decadencia. Son cada vez menos los psicoanalistas que ejercen en países desarrollados, y hay cada vez más publicaciones científicas que lo descalifican. Pero deja una penosa herencia. Muchos han sido y siguen siendo los pacientes que gastan inútilmente su tiempo y dinero, por no hablar de los psicólogos y psiquiatras que fueron engañados por las teorías de Freud, apartándose de la investigación verdaderamente científica y condenando a sus disciplinas a un retraso de décadas.

El premio Nobel de Medicina, Peter Medawar, dijo del psicoanálisis que “sus ruinas permanecerán para siempre como uno de los paisajes más tristes y extraños de la historia del pensamiento del siglo XX”. Y, en su libro de 1988, Eysenck afirmó que “Freud fue, sin duda, un genio; no de la ciencia, sino de la propaganda; no de la prueba rigurosa, sino de la persuasión; no del esquema de experimentos, sino del arte literario”.

Cuánta razón tenían…

 

 

6 pensamientos en “Sigmund Freud

  1. Galder
    30/11/2011 a las 12:03 pm

    El otro día charlé con una chica que iba al psicoanalista, hablaba maravillas. Me decía que no solo se limitaban al psiconalisis freudiano, si no que había más amplitud de miras.
    Por supuesto me lo recomendó. Ella entendía que había reinterpreatdo y conocido cosas de si misma gracias a esto… ¿Algo así como un amigo? Le dije, “un amigo es parte de tu entorno”.
    En realidad no me sonaba descabellado.
    Ya hablaremos de este tema.
    Aún con todo tengo ganas de ver la peli.

  2. 01/12/2011 a las 12:10 am

    En efecto, es perfectamente posible encontrar gente contenta con el psicoanálisis, igual que hay quien pueda hablar de sus buenas experiencias con la homeopatía o con la pulsera power balance. Pero eso no quiere decir que sean técnicas con valor terapéutico. Muy posiblemente, haya que acudir al efecto placebo para explicar su supuesta eficacia. Y, según las investigaciones realizadas en las última décadas, esto es válido tanto para el psicoanálisis freudiano como para sus seguidores.

    En todo caso, conviene distingir entre una terapia curativa, que es de lo que se supone que se trata, y una suerte de “confidente” que te ayuda a exteriorizar ciertos sentimientos, frustraciones, pensamientos, etc., logrando quizás un mejor autoconocimiento. Simplificando un poco, quizás podría ser algo así como un amigo. Pero cuando estamos hablando de nuestra salud mental, creo que se debe exigir mucho, mucho más a una terapia. Y, desde el punto de vista científico, los requisitos son claros y necesarios.

    P.D. Por cierto, la crítica ha puesto muy bien a la película, así que harás bien en ir a verla.

  3. david oliva
    14/12/2011 a las 12:31 am

    genial exposiciòn, aunque hay algunos conceptos del psicoanàlisis que estàn inspirando teorìas, eso sì, de corte màs cientìfico, como las teorìas implìcitas o ingenuas. No olvidemos que es un autor de hace màs de 100 años, no se le puede pedir peras al olmo. POr lo demàs, bastante de acuerdo, saludos

  4. 15/12/2011 a las 2:41 pm

    Gracias, David. En efecto, muchos de las propuestas del psicoanálisis han sido posteriormente “revisitadas” a la luz de los requisitos científicos. Conceptos como la represión o el inconsciente pueden tener plena validez, pero ni mucho menos tal y como los define el psicoanálisis.

    Y es cierto que se trata de un autor de principios de siglo XX, pero también en ese época había investigadores capaces de planetar y verificar hipótesis científicas. Por ejemplo, en 1913 Watson publicó uno de sus obras más importantes (el artículo “La psicología desde el punto de vista conductista”), con un planetamiento claramente científico y muy opuesto al carácter especulativo de las teorías de Freud.

  5. 26/12/2011 a las 6:47 pm

    Estoy de acuerdo contigo en tu reflexión sobre lo poco efectivo del psicoanálisis, amen de lo prolongado del tratamiento. Los psicologos de otras corrientes, en mi caso cognitivo-conductual, tratamos de ayudar a los pacientes, dandoles herramientas para enfrentarse a sus problemas e intentando que la terapia no se eternice y que sea efectiva.
    Interesante artículo ¡enhorabuena¡.

  6. AMAIA
    25/01/2012 a las 10:51 pm

    Después de pasar por todas las escuelas terapeúticas que ofrece la psicología moderna, fue el psicoanálisis el único que me ayudó a descubrir mis traumas ocultos, mis miedos, mis complejos y también mis capacidades y la fuerza interna que me había mantenido viva hasta entonces. Me ayudó a desaprender mi modo negativo y pesimista de ver la vida y a crear una autoestima sólida que me permitira afrontar la realidad con ilusión y ganas de vivir. Acudí durante tres años, dos días a la semana = 128€ semanales; la mejor inversión de toda mi vida. Y no soy rica, ni tengo éxito….
    Nuncá le pregunté a Aurora si sumétodo era freudiano o no… ni me importa, dos amigos más han acudido a su consulta y sus vidas han dado un vuelco impresionante…
    Yo no vi la película, sólo puedo contar la mía…. 🙂

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