Facebook y jóvenes antisociales

Vivimos en una sociedad donde internet y las redes sociales juegan un papel cada vez más determinante. Fenómenos como Facebook, prácticamente inexistentes hace cinco o diez años, forman hoy parte del día a día de millones de jóvenes en todo el mundo. No es de extrañar, por lo tanto, que haya ciertas dudas respecto a los posibles efectos de su uso.

La investigación debe empezar a arrojar alguna luz al respecto. Llevará mucho tiempo alcanzar conclusiones fiables, y seguramente estas serán complejas (como casi todo en ciencias sociales, la multi-causalidad es la norma). Pero, por de pronto, ya vamos conociendo algunos estudios.

El doctor en psicología Larry Rosen, de la Universidad Estatal de California Dominguez Hills, ha realizado un estudio en el que, entre otros aspectos, valora el nivel de uso de Facebook en niños, adolescentes y jóvenes adultos, y realiza una estimación del estado psicológico del usuario, por medio entre otros de cuestionarios psicológicos.

Sus conclusiones no son muy positivas, la verdad: los usuarios habituales de Facebook son, en general, más introvertidos, narcisistas y antisociales que el resto. Además, muestran más dificultades de comunicación con sus familias, trastornos de sueño, ansiedad, depresión, manía, agresividad y son más propensos a la adicción a drogas o alcohol. Por si esto fuera poco, parece también que el uso de Facebook puede repercutir negativamente en el aprendizaje escolar. Y todo ello, sin tener en cuenta que el uso intensivo del ordenador o los teléfono móviles puede derivar incluso en problemas como el síndrome del túnel carpiano, un doloroso trastorno neurológico de las muñecas.

Hay que decir que no todo es negativo. El estudio también concluyó que el uso de las redes sociales ayuda a desarrollar la empatía virtual, que consistiría en la capacidad de entender las necesidades y emociones del otro desde la distancia. Esta empatía podría generalizarse a la vida real, y teniendo en cuenta que en las redes sociales los contactos se pueden extender a personas de muy distinta condición (otros países, razas, culturas, etc.), esa empatía virtual podría ser una gran ventaja.

Evidentemente, son necesarios muchos más estudios que permitan llegar a conclusiones fiables. La ciencia se basa, entre otros aspectos, en la replicabilidad de las investigaciones, de forma que sólo si nuevos investigadores independientes logran los mismos resultados podremos considerar que sean ciertos. Pero las evidencias disponibles por el momento van por esta línea, lo que es suficiente para empezar a reflexionar. En primer lugar, hay que establecer con claridad si el uso de Facebook provoca ese tipo de trastornos, o si por el contrario lo que ocurre es que las personas con problemas como los descritos son más proclives a usar redes sociales (lo que podría implicar que Facebook estaría reforzando comportamientos pre-existentes). Hay una tercera opción, que es la de que ambos factores (uso de Facebook y trastornos) están relacionados, pero que ninguno de ellos causa al otro sino que hay un tercer factor que los origina.

El debate, en todo caso, está servido. Algunos expertos consideran que las preocupaciones respecto al uso de las redes sociales son exageradas. El argumento es que, aunque los cambios en el modo de relacionarse son reales gracias a las nuevas tecnologías, en el fondo a la juventud le interesan las mismas cosas que le interesaban a sus padres. Y que de la misma manera que siempre podemos caer en extremos indeseables, también ahora es importante el equilibrio entre la vida dentro y fuera de Internet.

 

 

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