¿Y si perder el tiempo en el trabajo no fuera tan grave?

Dicho así, a más de un jefe se le pondrán los pelos de punta. Pero no, no se trata de defender las pérdidas de tiempo sin más, sino de ver el efecto positivo que tiene el poder distraerse. Sí, aunque parezca extraño, desconectar de vez en cuando del trabajo no sólo no es causa de pérdida de rendimiento, sino que de hecho nos permite volver luego a la tarea con mayor eficacia.

Veamos. Es cierto que hay factores que provocan pérdidas de tiempo a la mayoría de los trabajadores, como son las reuniones innecesarias, los correos electrónicos prescindibles y los power point eternos. Tienen el pernicioso efecto de hacernos perder literalmente el tiempo, robando nuestra atención de la tarea realmente productiva y obligándonos a dedicar nuestra atención y esfuerzos en una tarea que, aunque sea “trabajo”, es la mayor parte de las veces muy poco útil y provechoso. Pero algunas distracciones pueden resultar positivas e incluso necesarias. Hablamos de distracciones reales, las que desvían la atención del trabajo y permiten a la persona dedicar unos minutos a otra actividad totalmente distinta, como hablar por teléfono con un amigo o ver las noticias en internet.

¿Porqué son útiles esas distracciones? La razón es que mantener unos niveles altos de concentración durante mucho tiempo es física y psicológicamente agotador, además de contraproducente: tras 90 minutos de actividad (aunque este tiempo puede variar en función de la tarea y la persona), el nivel de atención decae sensiblemente, provocando un peor rendimiento y aumentando la probabilidad de cometer errores. Por ello, tener la posibilidad de desconectar en determinados momentos, ayuda a que el esfuerzo dedicado al trabajo sea más productivo. De hecho, hay estudios que demuestran que los trabajadores que usan internet por razones personales en el trabajo son cerca de un 9% más productivos que los que no lo hacen.

Evidentemente, el problema llega cuando el trabajador no es productivo. Pero no hay que confundir: el bajo rendimiento puede venir originado por una escasa implicación con la empresa y el trabajo o por otras razones, pero no por las distracciones. Es al revés, aquel que no está implicado con el trabajo es más probable que acabe perdiendo el tiempo. Si la gente cumple bien con su responsabilidad, la empresa no debería preocuparse de que existan algunas distracciones. Es más, un control demasiado estricto del tiempo puede provocar una sensación de vigilancia policial que acabaría en el efecto contrario, provocar una disminución de la motivación.

Moraleja: es bueno para tu empresa que dediques unos minutos a leer este blog en el trabajo… 😉

 

 

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