La utilidad de las creencias religiosas

En agosto, el papa Benedicto XVI visitó España. Como cabeza visible de la Iglesia de Roma, representa a millones de fieles de la religión católica. Aunque los datos no sean del todo fiables, se calcula que en el mundo hay cerca de 2.000 millones de cristianos, a los que hay que sumar unos 4.000 millones de creyentes de otras religiones (de los cuales 1.500 millones son islámicos y 900 millones hindúes). En total, hay casi 6.000 millones de personas que profesan un modo u otro de fe religiosa.

Son datos que muy probablemente estén sobredimensionados, pero aún así resulta llamativa la capacidad de las religiones para lograr adeptos. Más allá de los debates y escisiones que sufren casi todas las religiones, de discusiones sobre la validez y la coherencia de sus fundamentos o del mal que en demasiadas ocasiones se hace en su nombre, es interesante reflexionar sobre la razón que lleva a tanta gente a compartirlas.

ReligionLas religiones están compuestas por creencias y prácticas más o menos estructuradas acerca de lo divino o sagrado que explican aspectos como el origen y la naturaleza del ser humano, su existencia y características morales y espirituales, y el orden y funcionamiento del mundo. Todos los creyentes tienen fe en un más allá, en un creador superior o en un orden místico y sagrado fuera de su alcance, fe que se vive como cierta y verdadera. Los rituales, también llamados culto, y las fuentes oficiales (escritos o tradiciones orales como la Biblia, el Corán o la Torá) ayudan a reforzar el convencimiento de autenticidad de la creencia y aumentar el sentimiento de pertenencia al grupo religioso.

Por definición, las creencias religiosas se mantienen a pesar de la falta de evidencias que demuestren la validez y los fundamentos de sus preceptos, o incluso a pesar de la existencia de evidencias en contra. Si suponemos que el ser humano es racional (lo que puede ser mucho suponer, por otro lado), ¿por qué entonces mantenemos la confianza en este tipo de creencias? Hablamos, por supuesto, de fe en una confesión religiosa determinada, y no necesariamente en la iglesia o institución en concreto que la representa.

Algunas de las razones con mayor peso pueden ser la educación familiar o el entorno social, pero el que seguramente resulta más definitivo es el hecho de que las convicciones religiosas son útiles para quienes las poseen: ofrecen consuelo y respuesta a muchas de las cuestiones que nos planteamos a lo largo de nuestra vida, y que consciente o inconscientemente son de gran importancia para nuestra tranquilidad psicológica. Desde los típicos “¿quiénes somos?”, “¿de dónde venimos?” y “¿a dónde vamos?” hasta por ejemplo la necesidad de consuelo por la pérdida de un ser querido o el sufrimiento de una enfermedad grave, las religiones calman la necesidad de respuestas.

Así, por ejemplo, toda fe ofrece explicaciones sobre el origen del universo y de la vida. La alternativa sería recurrir a la ciencia, pero esta puede resultar excesivamente racional para mucha gente, además de que hasta la fecha la propia ciencia debe admitir que aún tiene grandes lagunas, cosa que nunca tendrá que reconocer la religión. O, ante la muerte del ser querido, la religión consuela con la idea de que será acogido “en el seno de Dios”, lo que resulta más romántico que la visión de que, una vez muertos, seguramente no hay un más allá y todo ha acabado.

Evidentemente, es importante haber sido educado en la fe en concreto: un judío no encontrará satisfacción en las explicaciones que ofrece el budismo. Pero, una vez aceptada la validez de los preceptos de la religión en cuestión, y aunque la experiencia de fe sea personal y diferente en cada persona, a todos los creyentes les sirve en definitiva para dotar de sentido, significado y coherencia a su vida.

Por esta razón, hay expertos que recomiendan integrar las creencias personales de los pacientes en sus tratamientos psicológicos, lo que sería especialmente útil cuando éstos poseen una fuerte religiosidad. Es obvio que cualquier ayuda psicológica debe siempre tener en cuenta la idiosincrasia de la persona, considerando siempre todo su sistema de creencias y convicciones. Aprovechar las estrategias propias de la persona aumenta las posibilidades de éxito y, cuando existen, las creencias religiosas son parte indivisible de esas estrategias. Por el contrario, muchos profesionales no preguntan al paciente sobre sus creencias, en la convicción de que están tratando un problema de salud y no una cuestión religiosa. Pero ambas cosas, como vemos, pueden estar muy relacionadas: saber en qué creen las personas permite ayudarles mejor.

La conclusión bien puede ser que, más allá de la veracidad de las creencias (cuestión que por otro lado ninguna religión dedica esfuerzos a demostrar ya que no lo necesita: es cuestión de fe), lo que de verdad importa es la utilidad de dichas convicciones. O, dicho de otro modo, el ser humano necesita creer en algo, independientemente de la evidencia de la creencia misma.

Y es que, citando al filósofo inglés John Stuart Mill, la religión puede ser psicológicamente útil sin ser intelectualmente sostenible.

 

 

3 pensamientos en “La utilidad de las creencias religiosas

  1. Patu
    07/09/2011 a las 9:35 am

    “Hablamos, por supuesto, de fe en una confesión religiosa determinada, y no necesariamente en la iglesia o institución en concreto que la representa.” Esa es otra historia y debe contarse en otra ocasión. Yo es que soy de la opinión de que los seres humanos crean religiones estupendas y llenas de buenas intenciones solo para cargárselas después.

  2. Gayo
    09/09/2011 a las 5:28 pm

    El sesgo utilitarista de este blog empieza a ser insoportable: la “utilidad del prejuicio”, la “utilidad de las creencias religionas”… y así hasta el infinito. Por lo menos el autor nos hace ver el escaso soporte de todas las teorías psicológicas pasadas y presentes, que en vez de dar razón de lo que realmente hay tras los esquemas mentales lo explican todo en función de lo que “nos da placer” o “nos conviene”. Lo siento por los psicólogos, pero lo único que ha demostrado funcionar hasta ahora es la psiquiatría, o como me gusta definirla, la “farmacología aplicada a los trastornos mentales”. Lo demás es charlatanería. Sólo las pastillas han conseguido dar algún alivio al enfermo mental, y cada vez con menos efectos secundarios indeseables.

    Y ahora toca meterse un poco con “Patu”, los seres humanos no crean religiones estupendas, sino que la fe religiosa (me da igual el judaismo, cristianismo o mahometanismo) viene dada al hombre por revelación divina. La fe se tiene o no se tiene (por intercesión divina), pero no porque te la inventes. Si te puedes inventar cosas como el budismo, el confucionismo, el panteísmo, la mitología,… pero eso no son verdaderas religiones capacer de dar una cosmovisión del hombre, el mundo y el universo. Son eso, inventos…

  3. Perico
    28/11/2011 a las 1:01 pm

    Pues Gayo, yo soy católico, y creo efectivamente en que la religión es de origen divino, o no hay religión, luego se podrán hacer estudios sobre el fenómeno religioso desde un punto de vista económico, sociológico, filosófico, psicológico, etc., pero todo esos estudios, en tanto que son humanos, se quedan en lo humano y no van realmente al origen.
    También soy psicólogo, y con amigos psiquiatras, y lo que si te puedo decir, desde un punto de vista científico y avalado por muchos psiquiatras, es que las psicoterapias de origen psicológico, como la cognitivo-conductual, tienen tanta o más eficacia para tratar trastornos mentales. Ten en cuenta que los psicofármacos no son curativos, sólo paliativos, y sin una buena psicoterapia, el paciente no es capaz de afrontar por sí solo el problema. Muchos psiquiatras son los que utilizan hoy el arsenal de técnicas psicológicas desarrolladas y estudiadas por psicólogos y en Facultades de Psicología.

    El problema, más allá de todo esto, es que el modelo de ciencia hoy, es un modelo de pragmático, empírico, racionalista y materialista o mecanicista, y con eso no es posible dar verdadera razón de la religión, pero eso le pasa a todas las ciencias que buscan adaptarse al método científico, no sólo a la psicología.

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